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Quien
vaya a comer al restaurante Coses de Menjar puede esperarse un
menú refrescantemente diferente dentro de un entorno agradable.
Qué más se le puede pedir a un restaurante?!
Todos
los camareros visten pantalones y camisas de lino. Según
comenta su propietario, se decidió hacer así porque
no querían que los camareros vistieran el clásico
uniforme formal. Efectivamente el restaurante, que parecería
demasiado lujoso de una manera, adquiere así un aspecto
menos formal.
El
menú se cambia cuatro veces al año, según
la estación. El menú correspondiente a la primavera,
se presenta de forma inusual y sorprendente, en una etiqueta de
una botella de vino blanco. (Está disponible en inglés,
francés, castellano y catalán.)
Los
primeros platos se sitúan entre las 790 pesetas por una
frutada y dulce sopa de guisantes, hasta las 1.310 pesetas por
unas láminas de rape con ajos tiernos y champiñones.
Yo empecé con una ensalada de pato y vinagre de naranja,
que venía muy bien presentada con el pato y la ensalada,
alternando con una variedad de frutos del bosque que contrastaban
muy acertadamente con el enriquecedor sabor del pato. Estuvo excelente
y me hizo abrir el apetito para el segundo plato.

Los
segundos oscilan entre las 1.650 pesetas de la perdiz con mostaza
y alcachofas y las 2.350 pesetas del frío y caliente de
foie y helado de parmesano.
Como
norma, me gusta seguir las recomendaciones de los restaurantes
para enriquecer el repertorio de platos que he probado, aunque
solo sea una vez. El hígado frito de pato será desgraciadamente
uno de estos platos que he probado una sola vez en la vida. No
dudaría en recomendarlo a cualquier amante del hígado
de pato - literalmente se deshacía en la boca y tenía
un gusto muy delicado, mientras que el helado de parmesano era
un fantástico acompañamiento. No obstante, no era
suficiente para superar mi personal aversión por el hígado.
Si
me hubiera dejado llevar por mis propios instintos, hubiera escogido
el salmón con dátiles, almendra y bacon, o la brochette
de filete con gambas, que sonaban deliciosos.
Como
postres probé la crema clásica de naranja, dentro
de alternativas como el tiramisú o la tartaleta de pera
y manzana. Los postres salen por unas 600 pesetas.
El
restaurante también ofrece para las familias un taller
de cocina para niños de entre 4 y 10 años, pensado
para que los más pequeños aprendan a cocinar mientras
los padres disfrutan de la comida. Este taller cuesta 2.500 pesetas
e incluye la comida de los pequeños. Solo está en
funcionamiento los sábados de 1:30 a 3:30.
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